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Maite Alberdi, directora de ‘Un hijo propio’: “Hay dos mujeres que sufrieron mucho, pero lo que me conecta es el problema social”

Un hijo propio

En Un hijo propio, Maite Alberdi (El agente topo, La memoria infinita) vuelve a jugar con los límites del documental. Partiendo de una historia real, juega con los relatos y nos enfrenta a nuestros prejuicios como individuos y sociedad ante la maternidad.

¿Qué lleva a una mujer a simular un embarazo y llevarse un recién nacido de un hospital en una bolsa de regalo? Esa historia increíble, pero real, es lo que le ocurrió a Alejandra Marín, una joven mexicana que, después de tres abortos espontáneos y ante la presión de su familia, amigos y de la sociedad, llegó a ese extremo. La detuvieron pocas horas después y acabó cumpliendo una condena de 13 años en prisión. Fue precisamente durante su encarcelamiento cuando la directora chilena Maite Alberdi la conoció… y, atraída por ella, por su relato y por el contexto, acabó rodando su último documental, Un hijo propio, que, tras su estreno en la pasada Berlinale, se puede ver en Netflix.

Conoces a Alejandra investigando para otro documental… ¿En qué momento decides contar su historia?

Así es. Cuando la conocí me rondaron muchas preguntas y muy dolorosas sobre la maternidad, el nivel de presión social que existe para que ocurra algo así. Desde ahí conecté con ella y quise contar su historia, pero fue un desafío muy grande porque yo siempre entiendo los documentales desde la observación y el seguimiento y acá era una historia que ya había pasado y para entender el presente había que ver el pasado… Fue un proceso interesante de, desde la puesta en escena, tratar de representar como yo lo había vivido.

Un hijo propio. Ana Celeste Montalvo as Alejandra in Un hijo propio. Cr. Luis Antonio Rojas/Netflix ©2026

Ha sido un proceso largo, reconstruir como si fuera una ficción toda la historia, recabar todas las versiones…

Yo primero solo escuché el testimonio de Alejandra, nos costó mucho tener el expediente, nos costó mucho tener el testimonio de Mayra [la mujer a la que le robó el bebé, aunque Alejandra siempre mantuvo que tenían un acuerdo]… Entonces yo siempre tuve esa visión subjetiva y esa narrativa desde un lugar, por eso la reconstrucción es esa versión que yo escuché, un poco idealizada desde su perspectiva, que acaba aterrizando en la realidad con las otras voces… y entra entonces esa forma más tradicional del documental con testimonios, la observación…

De esta forma, juegas con nuestros propios prejuicios y haces que el espectador se plantee muchas preguntas…

Para mí también fue un proceso largo de enfrentarme a mis prejuicios, también de tomar distancia en un momento, pensar qué historia creí y después volver a conectar desde la profundidad del contexto social. Yo empatizo con el problema más allá de que evidentemente hay un delito y que evidentemente hay dos mujeres que sufrieron mucho, pero lo que me conecta es el problema social. Siento que el deseo de la maternidad o maternar nunca está libre de juicios y creo que la película trata de cuestionar esto y que discutamos sobre eso, a partir de un caso muy extremo pero que es bastante significativo.

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