A Yune Nogueiras (Bergara, 1999) la descubrieron sus padres. Es más, la descubrieron y, algo que no siempre es habitual, la animaron a ser actriz. “Tengo la suerte de tener unos padres que me han llevado todos los domingos al cine, que me han escuchado desde muy pequeña, que han visto algo en mí que quizá yo no me planteé y que me han ido llevando por este viaje que estoy realizando.” Así que fue terminar Bachillerato y, a la formación que ya tenía en danza, canto y música, empezó a añadir la de arte dramático en Dantzerti, la Escuela Superior de Arte Dramático de Euskadi.
En ello estaba cuando, como si el destino o la vida quisieran confirmarle que sí, que ese era el camino, llegó su primer casting. Era para Akelarre, la película de Pablo Agüero, y le traía su primer papel en el cine: el de María, una joven que en la Euskadi del siglo XVII sería acusada de brujería. Ella no lo sabía, pero cinco años después regresaría a la misma época y el mismo lugar, pero esta vez para dar vida a Kattalin en Gaua (estreno en cines el 14 de noviembre), la nueva cinta de Paul Urkijo (Irati, Errementari). Su primer papel protagonista.

Kattalin es una joven que, a pesar de la oscuridad de la noche y las leyendas que se cuentan en torno al bosque y quienes lo habitan, prefiere echarse al monte que quedarse con su marido. En esa huida, se encontrará a tres mujeres que aprovechan la excusa de ir al lavadero para reunirse y contar historias. La de Kattalin y su realidad acabará siendo una de esas historias que se cuentan y que sirven para retratar la opresión y el castigo caprichoso que sufrían las mujeres si eran señaladas.
“Una de las cosas más interesantes de cómo lleva Paul esta película a la pantalla es que la mitología vasca no deja de ser una excusa para contar realmente todo lo que se les hizo a las mujeres.”
En este contexto, Yune ha dibujado una Kattalin que vive en constante tensión, de una intensidad física y emocional que la hicieron pasar una semana con fiebre después del rodaje y que se marca un viajazo en busca de su libertad. “Es un personaje valiente que realiza un camino al autoconocimiento.” “Lo que descubre es que tiene el valor de realizar ese viaje a pesar de vivir en una sociedad que no se lo permite.”
COMO SI TUVIERA PRISA
Kattalin se suma a una nómina de papeles dentro de historias entre las que predominan las de carácter social o de denuncia. “Yo estoy abierta a todo, la verdad. Soy un poco kamikaze en ese sentido (…). Lo que me gusta es superarme cada día sin mirar mucho a quien tengo al lado. Y me encanta contar historias que también tienen mucha relevancia en la sociedad. Contar cosas que pueden cambiar a las personas o llevarlas a una reflexión. Esa es una de las cosas más importantes en el arte.”
Hablamos de su Nagore en La infiltrada (Arantxa Echevarría) o de su Leire en la serie Intimidad, por el que obtuvo el premio a actriz revelación de la Unión de Actores Vascos, aunque ella no lo menciona en la entrevista.

De lo que sí que habla, en cambio, y hasta se le alegra la voz al otro lado del teléfono, es del teatro: “Estar encima de un escenario es estar como en casa. Poder estar delante de un público enseñando el trabajo y salir a escena para aprender algo cada día es algo vital, que quiero que esté en mi vida continuamente.”
La hemos visto en obras como Los lunes al sol, Tan solo el fin del mundo o Los santos inocentes.
Como si tuviera prisa, aunque para nada. Ha ido apuntalando su carrera a base de formación compaginada con trabajo. “Siempre he tenido la suerte de poder combinar el estudio con el trabajo.”
“Es verdad que he empezado desde muy joven y eso también es una suerte porque te das a conocer antes.”
NO HAY PLAN B
Asegura que lo suyo es purita vocación y confiesa que si no la tuviese “no duraría tres minutos el querer dedicarme a esto porque es una profesión que requiere mucho rigor, mucho trabajo en casa, mucha constancia.”

De momento, mal no le va. No se puede quejar. Las oportunidades siguen llegando. De hecho, ya tiene en el horizonte el rodaje de una serie y de otra película. “Tengo esa suerte, aunque esta profesión también tiene sus altibajos e igual en un año te tocan tres proyectos y dices ‘qué bien me va’ y luego, al siguiente, estás seis meses sin saber nada.”
A pesar de ello, asegura y se reafirma en no tener un plan B.
“Igual es porque soy muy cabezota y voy a luchar hasta que no pueda más por seguir viviendo de esto porque al final es algo que me apasiona. Y qué bonito poder vivir de los propios sueños de cada uno y poder contar historias que pueden llegar a cambiar una pequeña parte del mundo.”