Con Zeta, el cine español da un paso audaz hacia el thriller de espionaje internacional. La película busca establecer una nueva franquicia de agentes secretos, con un enfoque moderno y mucho más alejado de la comedia que el habitual en nuestro país.
Zeta se presenta como un ambicioso intento de consolidar la primera franquicia española de espías y agentes secretos, y buena parte de su fuerza radica en su protagonista: Mario Casas. Su interpretación combina carisma, vulnerabilidad y determinación, haciendo de Zeta un personaje convincente y potente, ideal para liderar una saga de este tipo desafiando los clichés del clásico espía y desbloqueando uno de los mayores restos del proyecto: pasar por encima del permanente recuerdo de James Bond. La película rompe con la ironía y la parodia que históricamente han acompañado este género en nuestro país y ofrece un enfoque más maduro y realista, aunque sin abandonar el terreno del cine de acción efectista.
La dirección de Dani de la Torre, imprime un pulso visual sólido. Su experiencia en proyectos como La Unidad y Marbella se trasladan a Zeta demostrando además su capacidad de desviarse por primera vez del relato de la corrupción. El director sale airoso del reto de dejar de lado la narrativa que predomina en el audiovisual español en todo lo que se refiere a cine y series policíacas.
En el reparto, Mariela Garriga es uno de los grandes aciertos de Zeta encarnando al «personaje más astuto de la película», en palabras de su director. Con experiencia previa en franquicias internacionales como Misión Imposible, ofrece una actuación convincente que equilibra la tensión y la acción, mientras que la química entre Mario Casas y Luis Zahera resulta sorprendentemente natural. Es sorprendente reparar en que esta es la primera vez que los actores coinciden en un proyecto.
Técnicamente, Zeta combina un ritmo ágil, una narrativa visual cuidada y escenarios internacionales que refuerzan su ambición de franquicia. La acción está bien coreografiada y mantiene la tensión a lo largo de la película, mientras que los giros narrativos, aunque resueltos con rapidez, no afectan al impacto global. En conjunto, la película demuestra que España puede producir thrillers de espionaje sofisticados y capaces de competir a nivel internacional y ofrecer un enfoque renovado sobre el agente secreto.