A pesar de quienes piensan que jugar videojuegos es una tontería, hasta Tony Soprano, Frank Underwood, Cartman y John Connor se pasan el tiempo a los mandos.
Roberto Recchioni
En el cine y en las series de televisión, una buena manera de caracterizar a los personajes rápidamente y sin tener que gastar demasiadas palabras es mostrar los libros que leen (ya hemos hablado de ello), las películas que les encantan, la música que escuchan y los cómics que coleccionan.
De vez en cuando, también sucede que los protagonistas juegan a videojuegos. Despejemos inmediatamente el campo del título más obvio, Super Mario Bros 3 y El campeón del videojuego, una película de 1989 de Todd Holland que es, al mismo tiempo, un claro testimonio de la Nintendomanía que había arrasado EE UU en aquellos años y el anuncio más largo jamás realizado por una empresa. ¿Es una buena película? No. Pero a los niños de cierta generación les encantaba y todavía sueñan con el guante de poder.
Ahora un salto adelante. Call of Duty, en sus múltiples encarnaciones, aparece en numerosas películas y series. Los dos en los que más se destaca son House of Cards (Frank Underwood, el personaje interpretado por Kevin Spacey lo usa como desahogo) y Lioness, donde las tropas especiales de la CIA matan enemigos virtuales mientras esperan matar a los reales. Siguiendo en el terreno de los FPS (first person shooter), Doom hace una aparición especial en una de las series más longevas, Urgencias, donde se juega en el ordenador del hospital, y en la deliciosa (y, lamentablemente, en gran parte olvidada) Un asesino algo especial (1997), protagonizada por John Cusack.
En este caso, sin embargo, la obra maestra de id Software aparece en una extraña versión arcade. Otra ronda, otro juego en primera persona en el que disparas a la gente, otra obra maestra: Halo, el que es el pasatiempo favorito de los chicos de
The Big Bang Theory, que lo alternan con World of Warcraft. El MMORPG (acrónimo de Massively Multiplayer Online Role-Playing Game) de Blizzard también fue una obsesión para la banda de South Park, pero nunca más que lo fue la Nintendo Wii para Cartman (incluso está dispuesto a congelarse para no tener que esperar los meses hasta su lanzamiento). Y hablando de Nintendo, Tony Soprano pasa algunas tardes jugando a Mario Kart 64 con su hijo, mientras que (hablando de hijos de padres cuestionables), el de Walter White parece tener cierta pasión por Rage (también de id Software).
Steve Carell, en cambio, en el papel de Andy Stitzer (Virgen a los 40), da rienda suelta a su energía acumulada y su agresividad en un clásico, Mortal Kombat: Deception. Retrocedamos a 1991, cuando John Connor, en Terminator 2, entra en unos recreativos para jugar a las peleas aéreas de SEGA, After Burner, y a un profético Missile Command (un viejo juego de Atari en el que tienes que interceptar ojivas nucleares y detonarlas antes de que toquen el suelo, evitando así el día del Juicio Final).
Retrocediendo aún más, llegamos a 1982 y E.T., donde los hermanos mayores del protagonista juegan con un Atari 2600 y el juego Space Invaders. Irónicamente, fue el desastroso videojuego dedicado al extraterrestre de Steven Spielberg el que llevaría a la empresa Atari a la quiebra.
Y luego… y luego casi nada más. Las apariciones de videojuegos en películas y series son bastante escasas, como si los protagonistas tuvieran mejores cosas que hacer que perder el tiempo con un joystick en sus manos. Y esto es bastante extraño porque ya no estamos hablando de un lenguaje para entusiastas súper entusiastas, nerds y demás: los videojuegos, de una forma u otra, jugados en consolas y computadoras o (mucho más a menudo hoy en día) en las pantallas de nuestros teléfonos, son parte de la vida y de la rutina de casi todos, y, sin embargo, el cine y las series de televisión rara vez hablan de ellos o incluso simplemente los muestran.
¿Por qué, por ejemplo, los niños de Euphoria nunca juegan a algún título como Genshin Impact, cuando sería una actividad completamente normal en sus vidas? ¿Por qué los protagonistas de las películas de Paolo Genovese, de series como Normal People o hasta de Los años nuevos, de Rodrigo Sorogoyen, todos ellos de entre 30 y 50 años, es decir, una franja de edad que conoce bien los videojuegos (¡Soy millennial, maldita sea!) no tienen siquiera algún juego casual en sus móviles o parecen no haber oído hablar de un videojuego en sus vidas (y sus amigos tampoco)? ¿Cuál es el problema de quienes escriben, ponen en escena y dirigen películas y series hoy día? ¿Cómo es posible que incluso en las obras que más realistas quieren ser el videojuego siga estando excluido? La literatura está ahí. Toda la música que quieras. El cine también.
Incluso series de televisión. Pero los videojuegos, nada. Ahora, discúlpenme, pero tengo que irme y perder el tiempo con algo irrelevante como Kingdom Come: Deliverance 2, un juego mejor que muchas películas y series que veo, con mucho éxito, pero que nunca aparecerá en ninguna película o serie.